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Dentro de la exposición

Dentro del espejo rojo

Este es un espacio virtual para imaginar tu propia visión sobre Marte: dios, símbolo y planeta en sus distintas metamorfosis. Puedes haber visitado la exposición o simplemente has entrado en esta página navegando entre enlaces y otros peregrinajes cotidianos por Internet. De ti depende el tiempo que le dediques, la atención que te reclame y la curiosidad de que tu imaginación disponga.

Hemos pensado algunos estímulos para sumergirte en la fascinante experiencia que Marte puede inspirar como espejo de nuestro hogar: el planeta Tierra. Un espejo de nuestro pasado, pero también de un presente y un futuro vertiginosos. Ya sabes, el cambio climático es nuestra espada de Damocles. No queda demasiado tiempo para revertir la situación. El desierto avanza en la cuna de una humanidad que redescubre la extraordinaria conexión entre todas las criaturas vivientes, en medio de una pandemia, con un planeta herido, sumido en la sexta extinción. Y sin embargo todavía podemos concebir nuevas utopías, relatos inspirados por la emoción y el asombro. Después de todo, nadie sabe cuáles de los futuros posibles acabarán por imponerse.

Un texto de Juan Insua, comisario de la exposición.

 

La voz del meteorito

Soy una piedra rara. Llámame KSAR Ghilane 002 o como tu imaginación prefiera. Procedo de Marte. He vagado por el espacio durante miles de años, hasta mi destino inesperado, en el desierto que vosotros llamáis Sahara. Me ha descubierto esa insaciable curiosidad exploradora que caracteriza a vuestra especie. Ahora podéis contemplar uno de mis fragmentos. Provengo de los estratos más profundos del planeta rojo.

Tengo una historia de contaros. Porque yo también soy un meteoro, como las tormentas, los tifones, los huracanes que no podéis controlar.

Meteorito KG 002. Descubierto en 2010 en el desierto del Sáhara, cerca de Ksar Ghilane, Túnez, por José Vicente Casado y David Allepuz; e identificado por Jordi Llorca, catedrático de Ingeniería Química de la UPC. Colección José Vicente Casado Martínez.

 

Un día en Marte

Si un día te despiertas y quieres saber en qué día marciano estás viviendo, ya tienes tu reloj. Cada día en Marte es un Sol y su duración es similar a la de la Tierra. Pero el año marciano es el doble que el terrestre. Los amaneceres y los crepúsculos son azules, y el color del cielo durante el día es de un extraño rojizo rosáceo. Las temperaturas son muy bajas, pero te sentirías más liviano. La fuerza de la gravedad es menor que en la Tierra, pero nunca te podrías quitar la escafandra. Estamos en Marte, porque Marte siempre estuvo aquí. La Tierra ya es marciana.


Tiempo marciano. Marta Llinàs (Estudi Canó) / Pixelon - Sergi Mussull, 2021.

 

Cartografía alienígena

Imagina el trabajo que supone cartografiar un planeta situado a más de doscientos millones de kilómetros cuando la distancia es más corta, en los períodos de oposición. Siglos de observación hasta plasmar un mapa que ha sufrido muchas transformaciones desde que a finales del siglo XIX el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli dibujó una densa red de estructuras lineales que llamó canali y que un error de traducción al inglés convierte en canals, lo que denota un origen artificial, en lugar de channels, más adecuado para sugerir una formación natural. Este es uno de los equívocos más prolíficos en la historia de la astronomía: Marte estaría poblado por una antigua civilización agonizante constructora de canales. Así pensaba el matemático y astrónomo norteamericano Percival Lowell, que dedicó buena parte de su vida a probar esta teoría. La evolución de los telescopios y las sondas enviadas a Marte demostraron que Lowell estaba equivocado, pero los canales marcianos no han dejado de alimentar los relatos de ciencia ficción. En cambio, Lowell sí fue clarividente al comparar los desiertos marcianos con la progresiva desertificación del planeta Tierra. La historia geológica de Marte es también el resultado de un profundo cambio climático.


Cartografía alienígena. Departamento de Audiovisuales del CCCB, 2021.

 

La música del espejo rojo

Los antiguos pensaban que los planetas producían una misteriosa música sideral. La armonía de las esferas celestes que resuena en los oídos más afinados. Quizá nunca oiremos esa delicada melodía, pero sí disponemos de diversas fuentes para imaginar cómo podría ser la música del planeta rojo. El camino previsible era recurrir a Gustav Holst, a las canciones de David Bowie o Nick Cave, o escuchar atentamente los sonidos del viento marciano difundidos por la NASA. En cambio, decidimos que «Marte. El espejo rojo» necesitaba su propia banda sonora. La creación de atmósferas que nos aproximaran a cada uno de los ámbitos de la exposición. Este es un fragmento de los ambientes sonoros creados por Nico Roig. Un coro de voces lejanas invocando los primeros nombres de Marte.

 

Bibliofilia marciana

La historia de Marte y su vínculo con la Tierra es también una historia de libros. Como no podía ser de otro modo, son libros fascinantes, extraños, inagotables. De autores conocidos y poco conocidos. Obras que ya forman parte del canon, pero también libros fuera del radar, tesoros ocultos de la imaginación creadora. La bibliofilia marciana puede ser muy antigua y al mismo tiempo nos sumerge en el futuro profundo y el presente inabarcable. Hay joyas como el Almagesto, un apreciado incunable escrito por Claudio Ptolomeo en el siglo II de nuestra era. Es el gran tratado del cosmos geocéntrico que domina el paisaje intelectual europeo durante mil trescientos años. Pero la bibliofilia marciana también recupera a Luciano de Samósata y sus Historias verídicas, como el viaje a la Luna que imaginó para satirizar a los intelectuales de su época y que algunos consideran una de las primeras obras en la protohistoria de la ciencia ficción.

La bibliofilia marciana es heterodoxa. En ella caben todos los géneros, y también las obras inclasificables. Libros que son saltos a otra dimensión. Pasadizos secretos. Páginas iluminadas para explorar todo lo que hemos observado, imaginado y proyectado en el planeta rojo. De la Ilíada de Homero a Ilion de Dan Simmons, del Sueño astronómico de Johannes Kepler a la primera edición de Crónicas marcianas de Ray Bradbury, de Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift, que anticipan la existencia de Fobos y Deimos, los satélites de Marte, a La guerra de los mundos de H. G. Wells, ilustrada por Alvim Correa y que varias décadas después Orson Welles convierte en uno de los grandes fakes de la comunicación moderna. Los llamamos libros, pero son puertas. Todas están abiertas y hay una o varias que te esperan al otro lado del espejo rojo.


Londres Muerto, ilustración de Henrique Alvim-Correa para la edición francesa de La guerra de los mundos (The War of the Worlds) de H. G. Wells (1906). / Portada de A Princess of Mars de Edgar Rice Burroughs (1917). / Portada de The Martian Chronicles de Ray Bradbury (1950).

 

Marte feminista

La ciencia ficción marciana escrita por mujeres es una de las vertientes menos conocidas y exploradas del imaginario vinculado al planeta rojo. Y tiene su propia genealogía. En el siglo XVIII, Marie-Anne de Roumier Robert escribe Voyages imaginaires merveilleux, un viaje fantástico por el sistema solar, considerado uno de los primeros exponentes de la ciencia ficción feminista. A finales del XIX, las autoras americanas Alice Ilgenfritz Jones y Ella Merchant publican Unveiling a Parallel. A Romance, una novela donde las civilizaciones marcianas de Paleveria y Caskia sirven para reflexionar sobre las relaciones de mujeres y hombres en el contexto de su época. A principios del siglo XX, la escritora y activista australiana Mary Ann Moore-Bentley también recurre a la ciencia ficción para denunciar las injusticias y desigualdades existentes. Cada ola del feminismo tiene su reflejo en la evolución del género, mientras la influencia del imaginario marciano en la cultura popular del siglo pasado va acumulando lecturas imprescindibles y desmitificadoras. La crítica e investigadora Elisa McCausland nos propone en este podcast una síntesis de las relaciones entre Marte, el feminismo y la cultura popular, desde los años cincuenta hasta nuestros días.


Marte, feminismo y cultura popular. Elisa McCausland, 2021.

 

El laboratorio utópico

Las obras perdurables tienen detrás historias de amor, pasión y perseverancia. Para crearlas no solo se necesita una visión que las guíe, sino la presencia de una voluntad constante, dispuesta a adaptarse a todas las circunstancias. Kim Stanley Robinson ha sintetizado los años de creación de su célebre trilogía marciana en un glosario de diez términos que podrás descubrir cuando visites la exposición, pero aquí va un adelanto: El laboratorio utópico. Una inmejorable definición donde la cocina de la escritura convive con los cambios de residencia, la crianza de los hijos, los horarios difíciles, la conciliación familiar. Porque, como el propio Robinson advierte: imaginar un mundo mejor implica incluirlos todos. La utopía es para todos, o no es nada.


El laboratorio utópico. Kim Stanley Robinson, 2021.

Marte

El espejo rojo

25 febrero — 11 julio 2021

La muestra aborda nuestro vínculo con Marte desde la antigüedad hasta nuestros días. Ciencia, arte y literatura interactúan en un gran proyecto expositivo, que coincide en el tiempo con la llegada de tres misiones espaciales al Planeta Rojo. «Marte. El espejo rojo» indaga acerca de nuestra condición y nuestro futuro como especie y sobre la naturaleza última del universo que habitamos.

Más información de la exposición