Pasar al contenido principal

Exposición

La máscara nunca miente

¿Puede explicarse la historia de nuestro tiempo a partir de un símbolo tan importante como la máscara?

A partir del ensayo Algunas cosas oscuras y peligrosas. El libro de la máscara y los enmascarados de Servando Rocha, esta exposición propone una historia subterránea del último siglo y medio bajo el signo de una máscara desacralizada, que se infiltra dentro del paisaje político como instrumento al servicio de perversos ejercicios de poder o como herramienta para la construcción identitaria en el activismo político y las luchas sociales. Entre el Ku Klux Klan y Pussy Riot se extiende, así, un repertorio heterogéneo de rostros enmascarados tras los que se esconde no solo una identidad, sino también el origen de algunos fenómenos que definen nuestro presente, como las fake news, la conspiranoia o los mecanismos de control biopolítico.

Comisario: Servando Rocha

Ámbitos de la exposición

Introducción – Las edades de la máscara

En su origen, la máscara es un objeto mágico que nos conecta con la parte más pulsional de nuestra identidad: la máscara activa al otro que se oculta dentro de nosotros mismos. «La máscara nunca miente» se abre representando el paso de la máscara de objeto ritual objeto desacralizado y apropiado por un universo en el que conviven grupos supremacistas, bandas criminales, neoactivistas, movimientos sociales, delincuentes e iconos de la cultura popular. Sin embargo, en el paso del ámbito de lo sagrado a lo profano, algo del poder mágico y transformador de las viejas máscaras pervive.

Carnaval salvaje

La aparición espectacular de la violencia como «equilibrador social»: desde los orígenes poco conocidos del Ku Klux Klan, su evolución y sus medios propagandísticos, el movimiento antirrenta y los Bald Knobbers, hasta el cómic de Watchmen y sus adaptaciones posteriores. La historia del Ku Klux Klan es, también, en cierto sentido, una historia de evolución y refinamiento de un diseño indumentario que nació de manera torpe, artesanal y doméstica para establecer una doctrina del miedo, pero que no se consolidó hasta que se uniformizó como icono. Esta sección también rastrea los orígenes del movimiento en las tradiciones nórdicas de los llamados ejércitos furiosos.

El rey de los fantasmas

Fantomas fue el malvado y adorado personaje de ficción que inspiró, entre otros muchos, a pintores y poetas surrealistas. Como contrapunto, se explica el inicio de la criminología científica con el método Bertillon, el pánico que provocaron las bandas de apaches en la sociedad francesa, la banda Bonnot y los atentados anarquistas y los espectaculares atracos de Durruti.

El gran fraude

El escritor Leo Taxil publicó una cantidad impresionante de libros en los que falsificó documentos y testimonios para construir una historia secreta de la masonería asociada a cultos oscuros y diabólicos. Más tarde admitió que todo había sido una gran mentira. Este gran fake sacudió tanto a sociedades secretas como a la Iglesia y el papado, en una controversia de finales del siglo XIX. A raíz de la mentira de Taxil, la cultura popular, pero también la prensa de la época, representaron a los masones como figuras enmascaradas, perpetuando una falsa pista que se superpuso a la realidad, anulándola.

Chamanes modernos

La fascinación de las vanguardias del siglo XX por el primitivismo como liberación, oposición y transformación en el contexto de entreguerras otorgó un papel destacado en la máscara. El Cabaret Voltaire, algunos experimentos teatrales de la Bauhaus, la danza performativa, la atracción por la cultura africana, la teoría de la máscara desarrollada por el poeta W. B. Yeats bajo el influjo del teatro noh japonés, y la fascinación de algunos surrealistas por las tribus del norte de Alaska, son ejemplos de esa mirada hacia otras culturas, en busca de un nuevo lenguaje vital y artístico. Este apartado pone el foco en el importante protagonismo femenino dentro de esta apelación a la magia (negra): Mary Wigman, Emmy Hennings, Kati Horna...

La lucha

La relación de la cultura mexicana con la máscara es ancestral, arraigada en las prácticas chamánicas de la civilización azteca. La lucha libre es un deporte teatralizado, pero también la inspiración de un subgénero particular de revistas, e, incluso, una forma de vida que condena a sus figuras más célebres a vivir permanentemente tras la máscara. Con el paso del tiempo, algunas luchas sociales y políticas han adoptado la figura del luchador enmascarado para desarrollar una forma de populismo político: Super Barrio, Super Gay, Super Disidencias, Fray Tormenta, Super Ecologista. ¿Cómo encaja el pasamontañas del zapatista Subcomandante Marcos dentro de esta tradición?

Guy Fawkes saluda a Malévich

El esquivo movimiento Anonymous y el caso Pussy Riot encarnan dos ejemplos recientes del uso de la máscara en el contexto del activismo político radical. No obstante, en ambos casos se dan curiosos desplazamientos de significado tanto en el origen de sus iconografías como en la evolución ideológica de sus respectivos iconos en cuanto pasan a formar parte del imaginario de la cultura popular. El revolucionario Guy Fawkes, la obra de Malévich, la historieta V de Vendetta de Dave Lloyd y Alan Moore, el merchandising de una major cinematográfica, grupos de extrema derecha y la apropiación de la estética Pussy Riot por un cineasta como Harmony Korine son solo algunos de los puntos de referencia en esta historia de apropiaciones y expropiaciones.

Apocalipsis

La máscara como elemento protector de la enfermedad y de la muerte. Las grandes pandemias de la historia, como la peste, el cólera, la gripe española o ahora el coronavirus, nos han obligado a utilizar sistemas de protección que ocultan parte del rostro y nos homogeneizan. Nadie podía prever que, a lo largo de 2020, todos nos íbamos a enmascarar para protegernos de un enemigo invisible. ¿Todos? Realmente, no. Llevar mascarilla o no llevarla es el factor que diferencia al ciudadano común, que se reconoce en la vulnerabilidad general, del negacionista, abonado a teorías conspirativas sobre el control biopolítico. Es un contexto que nos acerca a las claves de la distopía, pero que ha tenido varios precedentes tanto en la historia colectiva como en el rico repertorio imaginativo de la cultura popular.

Produce