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Exposición

Apartheid

El espejo sudafricano

«El apartheid sudafricano puede ser visto no sólo como una manifestación extrema del viejo racismo de raíz occidental, sino también como un dramático pero esclarecedor antecedente, metáfora y paradigma de algunos aspectos fundamentales inherentes al actual orden mundial.» 

Pep Subirós

 

 

El CCCB presenta la exposición «Apartheid. El espejo sudafricano», una aproximación conceptual y visual a las viejas y nuevas formas de prejuicio y discriminación racial, a partir de una amplia selección de obra artística original y de material documental.

La exposición toma como punto de partida una aproximación histórica al concepto de racismo, documentando el desarrollo de las ideologías y prácticas que establecen diferentes categorías de seres humanos -las razas- en el mismo periodo, paradójicamente, en que se afirman las ideas modernas acerca de la dignidad y la igualdad de derechos de todos los individuos.

La muestra aborda también en detalle el sistema de apartheid social, político, económico, cultural y territorial vigente en Sudáfrica entre 1948 y 1994. El apartheid consolidado como forma extrema y transparente de racismo, de raíz claramente occidental.

Por último, se busca poner en evidencia cómo durante las últimas dos décadas se reproducen a gran escala nuevas formas de racismo, e incluso de apartheid, tanto en el interior de las sociedades democráticas como, muy especialmente, en las relaciones entre los países más ricos y los más pobres.

Al hilo de esta narrativa histórica, «Apartheid. El espejo sudafricano» presenta una amplia selección de obras de arte creadas en Sudáfrica, desde el siglo XIX hasta la actualidad, con especial atención al propio periodo del apartheid. Además de ofrecer una panorámica de las diferentes sensibilidades y actitudes de los mejores creadores con relación a los temas abordados en la exposición, se hace hincapié en el impacto de la creación artística en la construcción y consolidación o en la lucha contra prejuicios y prácticas que, a largo plazo, deshumanizan tanto a las víctimas como a los promotores y responsables.

 

  1. Racismo y modernidad

En este primer apartado se presentan materiales, en buena parte inéditos, ilustrativos de las exposiciones de grupos de primitivos que tuvieron lugar en España, y particularmente en Barcelona, entre 1897 y 1929. Un género de espectáculo, auténticos zoos humanos, habitual en Europa desde los años 1870, que contribuyó decisivamente a la construcción y popularización de una mirada eurocéntrica, y a la legitimación de las políticas coloniales.

La exposición también se hace eco de la aplicación de teorías y prácticas raciales y racistas fuera del mundo colonial. De hecho, alguna manifestación más extrema tuvo lugar en países política y económicamente avanzados, de mayoría blanca, como los Estados Unidos o la Alemania nazi. En ambos casos desempeñó un importante papel una de las principales y más nefastas derivas pseudocientíficas relacionadas con la teoría darwiniana de la evolución de las especies: la eugenesia, una disciplina teórico-práctica cuyo objetivo central era el mantenimiento de la pureza de sangre de la raza blanca, en tanto que supuesta portadora de la forma más elevada de la especie humana.

  1. Las raíces del apartheid

En buena medida la peculiaridad de la historia sudafricana tiene su origen en los dos procesos colonizadores diferentes, simultáneos y a menudo enfrentados, el primero protagonizado por holandeses -posteriormente llamados bóers o afrikaners-, y un segundo que respondía a intereses británicos. La diversidad de intereses e ideas entre las dos tribus blancas provocó una continua tensión que acabó traduciéndose en una guerra abierta.

En los campos de batalla la confrontación se resolvió, claramente, a favor de los británicos, pero de un modo similar a lo sucedido en los Estados Unidos tras la guerra civil, en el terreno social, político, económico y cultural, la paz entre las tribus blancas se hizo a costa de las poblaciones definidas como no-blancas.

Cuando finalmente en 1910 británicos y bóers pactaron la creación de un estado independiente y unificado -la Unión Sudafricana-, la gran mayoría de la población no europea -así como las mujeres blancas- fue privada del derecho de voto y de la práctica totalidad de los derechos civiles y políticos reconocidos a los blancos. Un amplio abanico de viejas prácticas segregacionistas se convirtió en leyes y políticas oficiales del nuevo estado y estableció así los cimientos del futuro apartheid.

Además de material documental de la época, la exposición presenta una selección de obras representativas, por un lado del arte de inspiración europea realizado por los artistas blancos y, por el otro, de las miradas tan distintas expresadas por artistas de color como Gerard Sekoto, George Pemba y Ephrain Ngatane.

  1. Apartheid total

La llegada al poder en 1948 del National Party dirigido por David F. Malan supuso la culminación de la campaña iniciada en 1934 por los nacionalistas afrikaners para imponer su hegemonía sobre el conjunto de Sudáfrica.

El programa de apartheid del National Party -en buena parte basado en una lectura racista de la Biblia- prometía expulsar a los negros de las ciudades y garantizar los privilegios de los afrikaners como supuesto pueblo elegido, para facilitarles el acceso a los puestos de trabajo y a las posiciones dominadas por los británicos, mediante el refuerzo y la generalización de las medidas discriminatorias y represivas contra los diferentes grupos clasificados como no-blancos.

Aparte de la invocaciones bíblicas, el National Party articuló y desarrolló un discurso ideológico relativamente sofisticado -parcialmente elaborado en el periodo anterior, y en parte paralelo al utilizado en el sur de los Estados Unidos- para justificar el apartheid y hacerlo aparentemente compatible con los principios democráticos de la tradición europea de la que afirmaba ser heredero: fue el discurso del llamado desarrollo separado.

Según este discurso no se trataba de considerar unas razas superiores o inferiores a otras, sino de reconocer las diferencias esenciales entre ellas, no sólo en términos biológicos, sino también, y muy especialmente, en términos culturales -es decir, de valores, actitudes y formas de vida ancestrales y permanentes-, unas diferencias que hacían incompatible por ende la convivencia más allá de las necesidades económicas estrictas.

El objetivo declarado del apartheid era, con un supuesto pleno respeto por los ideales democráticos y por un sistema político basado en el imperio de la ley, que cada grupo racial viviera separadamente conforme a su propia idiosincrasia, rigiéndose por sus propias leyes, gobernado por sus propias autoridades aunque, eso sí, en último término siempre bajo la tutela de la autoridad blanca, como encarnación y representación de un estadio superior de civilización.

En este apartado, la exposición incluye obras muy raramente vistas fuera de Sudáfrica de autores como Albert Adams, Peter Clarke, Ernest Cole, Dumile Feni, David Goldblatt, Gavin Jantjes, Harold Rubin y Durant Sihlali.

  1. Estados de emergencia

Los primeros movimientos de resistencia al apartheid adoptaron formas pacíficas de lucha inspiradas en el ejemplo de Gandhi. Sin embargo, la represión contra la oposición fue implacable, con episodios como la masacre de Shaperville (1960, 69 muertos), haciendo inevitable la aparición de una resistencia más radical y férrea, que tendría su punto de no retorno en la revuelta de jóvenes estudiantes de Soweto en 1976.

Las autoridades intentaron apagar el fuego con reiterados estados de excepción, con el fin de imponer su orden a cualquier precio, dando carta blanca a las fuerzas de seguridad para actuar impunemente, al margen de la ley.

A partir de mediados de los años setenta, y en especial a raíz de la revuelta iniciada en Soweto y del asesinato de Steve Biko, la creación artística sudafricana experimenta un empuje extraordinario, protagonizado por artistas de todos los colores y todas las procedencias.

Obras como las de Jane Alexander, Willy Bester, Norman Catherine, Keith Dietrich, William Kentridge , Ezrom Legae, Sfiso Ka Mkame, Billy Mandindi, Sam Nhlengethwa, Penny Siopis y Paul Stopforth, entre otros grandes artistas activos en este periodo, están claramente referidas a su contexto inmediato, y nos confrontan con el infierno material, político y moral de una sociedad infectada por el virus del racismo y la discriminación racial, pero también alertan sobre los abismos de crueldad y mezquindad en que puede hundirse el espíritu humano en defensa de posiciones de dominio y control, de poder y privilegio.

  1. La difícil salida del infierno racista

La experiencia sudafricana muestra que es posible salir del infierno, pero que curar las heridas es un proceso largo y difícil. A pesar de las profundas transformaciones realizadas desde 1994, muchas de las desigualdades creadas por el apartheid aún siguen vigentes en la actualidad, y los recelos entre los grupos raciales, desgraciadamente vivos. Al mismo tiempo, la creación artística en la Sudáfrica post-apartheid sigue teniendo una vitalidad y una riqueza fuera de lo común.

Una parte considerable de la nueva creación posee un cierto carácter introspectivo, haciendo hincapié en la experiencia individual. Sin embargo, la preocupación por las dificultados, los conflictos y las esperanzas de orden colectivo -en los terrenos, por ejemplo, de la memoria histórica, la justicia social, la vida urbana o las nuevas formas de racismo y discriminación-, siguen siendo objeto privilegiado de atención, tanto de muchos de los mejores artistas activos durante el apartheid, como de muchos de los más jóvenes, como Conrad Botes, Churchill Madikida, Johannes Phokela, Nandipha Mntambo, Lolo Veleko y Donovan Ward.

Una diferencia significativa: si en el periodo anterior muchas de las obras eran un grito angustiado, en esta nueva etapa a menudo tienen el tono de una reflexión, en algunos casos cargada de humor e ironía. Como el propio país, el arte sudafricano sigue constituyendo un escenario y un observatorio privilegiados en los que y desde los que acercarnos a las cuestiones cardinales de nuestro mundo.

  1. Apartheid global: la vieja Sudáfrica como paradigma

Viejas y nuevas formas de discriminación y segregación racial vuelven a desempeñar un relevante papel, tanto en el actual sistema mundial como en el interior de las sociedades formalmente democráticas. Por desgracia, no constituyen episodios aislados, sino elementos sintomáticos del nuevo orden internacional o de las respuestas locales a los desajustes y problemas planteados por una globalización de los grandes movimientos económicos y sociales dominada no sólo por la lógica neoimperial de las principales potencias y las grandes corporaciones económicas, sino también por unas nociones de superioridad racial que ignoran la igualdad básica de todos los seres humanos.

La exposición se cierra con una selección de material documental ilustrativo de uno de los fenómenos actuales que, a nivel internacional, evoca con mayor claridad el apartheid y, en algunos casos, reproduce sus rasgos esenciales: el tratamiento de los países pobres, por parte de los ricos, como auténticos bantustanes; es decir, como reservas de mano de obra que hay que mantener en un estado de pobreza crónica y de marginalidad político-social, así como bajo un control policial y militar férreo.

Constituyen una dramática concreción de todo ello los sistemas de vallas y muros fronterizos, tangibles o intangibles, existentes o en construcción entre los Estados Unidos y México, entre África y Europa, a ambas orillas del Mediterráneo, y también en las islas Canarias, así como -aunque con factores geopolíticos específicos- entre Israel y Palestina; unas barreras y unos sistemas de control y vigilancia justificados con argumentaciones muy parecidas a cómo los ideólogos y promotores del apartheid combinaban una práctica descarnada de la supremacía blanca con una retórica formalmente condescendiente y paternalista sobre las virtudes del desarrollo separado entre los diferentes grupos raciales.

Además de este material documental, el último apartado incluye obras de Peter McKenzie, Johannes Phokela, Bernie Searle, Donovan Ward y Zapiro.

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de la mano de su comisario, Pep Subirós.

Racismo Local, Apartheid Global.

Sud-África como paradigma

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