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Exposición

En Guerra

La exposición En guerra es un recorrido por la experiencia de la guerra, recorrido que no sigue una secuencia cronológica, sino temática, y se detiene a analizar los diferentes estadios de un conflicto.

«Al describir una guerra, en primer lugar hay que hablar de los preliminares, como los discursos de los generales, el dinero invertido por ambos bandos y sus temores; en segundo lugar, de los ataques, de las matanzas y de las muertes, y por último, del trofeo de la victoria, de los cantos triunfales de los vencedores y de las lágrimas y la esclavitud de las víctimas».

Hermógenes

En la fase de preparación de la guerra, se trata la socialización de la violencia, la construcción del enemigo y las causas del conflicto. En el transcurso de las hostilidades, la muestra se adentra en la experiencia de soldados y de civiles y en la acción del combate. Una vez finalizada la guerra, en el momento de la victoria o de la derrota, se abordan los tratados de capitulación, los juicios por crímenes de guerra y, por último, la memoria de los hechos, reflejada en monumentos y testimonios.

Con este propósito, combina pinturas, fotografía, cine, arte conceptual e instalaciones, documentos y objetos, todos procedentes de fondos muy diversos. Los artistas que firman las numerosas obras expuestas son, entre otros, Otto Dix, Leon Golub, George Grosz, Philip Guston, Alfredo Jaar, Oskar Kokoschka, Barbara Kruger, Mihail Laritxev, Mihail Lariònov, Fernand Léger, Kàsimir Malevitx, Antoni Miralda, Henry Moore, Robert Morris, Paul Nash, Adi Ness, Christopher Nevinson, Robert Capa, Larry Burrows, John Hoagland, James Nachtwey, Peter Turnley, Gilles Caron, Simon Norfolk, Gilles Peress, Martha Rosler, Gino Severini, Félix Vallotton, Gervasio Sánchez y Jake and Dinos Chapman.

La muestra, comisariada por Antonio Monegal, Francesc Torres y José Mª Ridao, se adapta a los principios y objetivos del Fórum y forma parte de su programación dentro del eje temático Las condiciones de la paz.

"If we are describing a war, we shall first of all mention the preliminaries such as the general's speeches, the outlay of both sides, and their fears; next, the attacks, the slaughter, and the dead; finally, the victory trophy, the triumphal songs of the victors, the tears and enslavement of the victims."

Hermógenes

Esta exposición pretende provocar una reflexión sobre el lugar de la guerra en la cultura e invitar al visitante a convertir el recorrido por dicho lugar en una experiencia de su propia posición cotidiana en este espacio "en guerra".

Se identifican en la exposición tanto los cambios producidos en la evolución de la guerra desde comienzos del siglo XX hasta el presente como los aspectos invariables que definen el fenómeno de la guerra como tal, que se manifiestan en la mayoría de los conflictos. No se trata de una exposición a favor o en contra de la guerra, si no sobre lo que la guerra es, sobre diferentes facetas de la experiencia de la guerra, sobre su impacto directo en individuos y comunidades, y sobre su representación formalizada en productos culturales.

El concepto de experiencia, y el desafío de representar dicha experiencia, son los ejes que articulan toda la exposición. Los que han estado allí han dado testimonio, han registrado las imágenes, nos han legado su relato. Los que no lo han vivido acceden a través de estas representaciones a una experiencia mediatizada, pero que no por ello deja de ser una forma de conocimiento. La exposición no se limita a reflejar lo que ocurre cuando y donde una guerra se está efectivamente luchando, sino que engloba también aquellos aspectos del fenómeno de la guerra que inciden incluso en el espacio social que está aparentemente en paz, como éste en el cual tiene lugar la exposición.

En lugar de seguir la secuencia cronológica de los conflictos históricos, la exposición está dividida temáticamente, desplegando una narrativa que reproduce y sintetiza los diferentes planos del proceso: qué pasa antes, durante y después de cada guerra. A diferencia de los discursos que se fijan sólo en el tiempo del combate, la violencia y la destrucción, reconocemos unas condiciones culturales latentes que anteceden al conflicto, y unas secuelas que también se asientan en la cultura. Estamos "en guerra" desde mucho antes de que empiecen las hostilidades y sus ecos resuenan mucho después de que regrese a casa el último soldado.

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1.- La socialización de la violencia

Para explicar el fenómeno de la guerra hemos de remitirnos no sólo a sus orígenes culturales en un pasado remoto, sino observar también instituciones y prácticas sociales presentes a nuestro alrededor. Son muchas la formas ritualizadas de expresión del conflicto y la violencia, y los seres humanos se familiarizan desde los juegos infantiles con la idea de la guerra, que invade el territorio de lo civil a través del entretenimiento, la moda y la publicidad. Las infraestructuras necesarias para el uso organizado de la fuerza, como los ejércitos y la industria de armamento, existen de antemano como instrumentos de prevención. Antes de que se declare cualquier guerra, contamos con todos los recursos para concebir su posibilidad y especialmente con la inscripción previa en el imaginario colectivo de una cultura de la guerra.

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2.- La construcción del enemigo

Las guerras tienen muchas causas posibles, por las que una sociedad se divide en grupos irreconciliables o dos colectivos establecidos acaban percibiendo que sus intereses o visiones del mundo en conflicto no son negociables y sólo pueden resolverse mediante la violencia. Cabe, sin embargo, constatar una condición común a todos los conflictos: sin enemigo no hay guerra. Los mecanismos de descalificación, deshumanización o demonización del otro se apoyan en percepciones y prejuicios culturalmente asentados que sirven para cimentar el ejercicio de la fuerza. Mediante los discursos de los líderes y la propaganda, la memoria de agravios pasados o la amenaza de peligros futuros, y a menudo con la colaboración de los medios de comunicación, se va tejiendo el entramado cultural que traslada la noción de la necesidad y legitimidad de la guerra al entorno social.

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3.-Hostilidades

La expectación de la guerra comporta la llamada a las armas. El resultado de este proceso, a menudo irreversible, marca el comienzo de las hostilidades como tales. El cuerpo central de la exposición, dedicado a la experiencia de la guerra, abarca tanto la de los combatientes como de la población civil. Se apoya en el sedimento documental y en las imágenes que dan testimonio de un acontecimiento cuya complejidad desafía toda capacidad de representación, pero que no por ello ha dejado de ser constantemente representado. A partir de aquí estamos efectivamente en guerra, en el espacio de la violencia colectiva y organizada.

LA ESPERA DEL COMBATE:
"En vez de los peligros que esperábamos, lo que allí encontramos fue suciedad, trabajo y noches pasadas en claro; sobreponerse a todo esto requería un heroísmo que no nos atraía mucho. Todavía peor era el aburrimiento; para el soldado es éste más enervante aún que la cercanía de la muerte." (Ernst Jünger)

La mayor parte del tiempo del soldado no es tiempo de combate, sino de espera. Un tiempo muerto que se llena de actividades y recursos para ahuyentar los temores y el aburrimiento, para evadirse de esa muerte del tiempo que antecede al tiempo de la muerte.

EL COMBATE:
"The battle field is the epitome of war" (General S. L. A. Marshall)

La ficción y el arte pueden explicar una verdad que se escapa a lo meramente documental. Incluso cuando se fundamentan en un retrato riguroso del hecho histórico, al acercar al espectador al punto de vista y estado emocional del combatiente, alcanzan un grado de inmediatez e intensidad que el registro documental difícilmente puede reproducir.

LA VANGUARDIA HISTÓRICA:
Se puede rastrear muchas de las transformaciones de la historia del arte en el siglo XX a través del diálogo con los conflictos bélicos y las sucesivas respuestas al desafío que supone representar la experiencia de la guerra. Se utiliza a menudo el término ‘vanguardia' sin tener en cuenta sus connotaciones militares, y sin reconocer la influencia que la Primera Guerra Mundial tuvo en la revolución de los lenguajes estéticos y en la formación de los movimientos de vanguardia. Unos cuantos de estos vanguardistas, como Otto Dix, George Grosz, Gino Severini, Fernand Lèger, Oskar Kokoschka, Mikhail F. Larionov, formaron también parte de esa otra vanguardia, la del frente, y su experiencia personal en la guerra condicionó su lenguaje estético. Frente a estos modelos vanguardistas, perduran otras modalidades más tradicionales de la pintura histórica, a menudo basadas también en la experiencia directa.

LA VANGUARDIA LITERAL:
"The real war will never get into the books." Walt Whitman.

Existe una diferencia cualitativa entre la representación de la guerra por el artista que es a la vez testigo ocular de lo que representa y la reconstrucción idealizada del hecho histórico. La Guerra de Crimea fue la primera en ser fotografiada, pero las cámaras eran demasiado lentas para captar el movimiento y los periódicos mandaban artistas al frente para documentar los hechos de guerra. Paralelamente a este proceso, algunos ejércitos regulares acabaron disponiendo de un cuerpo de artistas que documentaban sus campañas. Esta práctica ha continuado a pesar de que ya existían, desde la Primera Guerra Mundial, cámaras de fotografía y cine capaces de registrar la acción.

Este fondo tan extraordinario como desconocido de arte de guerra generado a partir de la experiencia inmediata es muy distinto del arte épico de caballete que adorna los museos. La proximidad física con el horror y la letalidad del campo de batalla da a estos artistas una autoridad moral difícilmente equiparable con la de otros artistas que exploran los mismos contenidos sin haberlos vivido. Que se ignore una parte importante del arte que más directamente ha reflejado la guerra moderna, contribuye a constatar que una característica de toda guerra es el anonimato de la mayoría de sus protagonistas.

Dentro de esta sección también se incluyen las tecnologías del testimonio visual desde primera línea que dominan la cultura contemporánea: la fotografía, la cinematografía y el reportaje de televisión. Los ejércitos regulares cuentan con sus propios cuerpos de fotógrafos y cámaras, pero hoy en día la representación de las guerras está mayoritariamente en manos de los reporteros, que se han convertido en nuestros principales mediadores. Al conflicto entre independencia y servidumbre a los medios de comunicación se suma la creciente interferencia de gobiernos y ejércitos, que desde Vietnam saben que la opinión pública es otro frente de lucha.

URBICIDIOS
Ninguna visión de la guerra contemporánea puede reducirse a la perspectiva de los combatientes, porque lo que la define es que se hace a costa de y contra los no combatientes, transgrediendo los principios más básicos del derecho internacional. Hasta la Primera Guerra Mundial lo mortalmente peligroso era estar en el frente. Pero desde entonces ha pasado a ser la población civil la que padece. Como víctimas o como rehenes, porque eso han sido en ciudades asediadas y durante toda la Guerra Fría. En la actualidad aproximadamente el setenta y cinco por ciento de los muertos en guerras son civiles. Hoy el frente es la ciudad. El concepto de urbicidio nos habla de otra faceta de la cultura de la guerra: un trastorno traumático de la vida cotidiana en todas sus dimensiones. Y nos recuerda que la guerra no es algo tan remoto, sino que visita a los ciudadanos en sus casas.

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4.- Victoria y derrota

Las guerras no siempre concluyen de manera clara y decisiva. Más bien al contrario, en la mayor parte de las guerras contemporáneas es muy difícil, por no decir imposible, señalar el punto final definitivo. Como contraste, la exposición subraya algunos de los casos en los cuales la delimitación es más patente, en los que se firma una rendición o un tratado y el final de la guerra se anuncia y se celebra. Señalan el momento a partir del cual describir los efectos que siguen a una guerra y revelan que no necesariamente se acaba allí ni la violencia, ni el dolor, ni el conflicto. Las represalias, los suicidios o el exilio, los juicios por crímenes de guerra y las fosas donde se entierra la verdad, las cicatrices que quedan en individuos y pueblos, indican la continuidad de las consecuencias. Victoria y derrota no son categorías definitivamente opuestas, a veces se confunden e invierten, y hasta puede que ambos bandos se proclamen vencedores.

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5.- Memoria

La memoria de las guerras, de las victorias tanto como de las derrotas, es uno de los actos privilegiados de afirmación colectiva de las naciones. Se construyen monumentos, cementerios, relatos, y por medio de estos procesos de conmemoración se construye también la identidad de los individuos y los pueblos. El objetivo de una reflexión sobre la función de la memoria es presentar un ciclo que se cierra: el discurso sobre la guerra que se inscribe en la memoria colectiva en forma de monumentos y conmemoraciones, y de libros de historia con los cuales se educa a los niños, es parte integrante del sistema de socialización que hace de la guerra un elemento constante de la cultura humana. Las guerras por venir tienen a menudo su origen y justificación en guerras anteriores, y la posibilidad misma de hacer la guerra se deriva de esta memoria ancestral.

TESTIMONIOS ORALES:
La otra cara de los libros de historia es la historia oral, la del individuo generalmente anónimo. En el testimonio oral nos encontramos cara a cara con alguien concreto, que ha vivido una guerra como la viven la mayoría de los seres humanos, combatientes o víctimas, sin que su experiencia alcance más allá de su entorno inmediato, a menudo sin saber muy bien por qué se lucha. Hablan de una serie de conflictos en lugares y momentos diversos, pero sobre todo personifican la variedad ilimitada de experiencias individuales de la guerra.

CAMPOS DE BATALLA
"Only the dead have seen the end of war", George Santayana

Esta narración acerca de los sucesivos estadios del fenómeno de la guerra, pasando por la socialización de la violencia, la construcción del enemigo, las hostilidades, la victoria y la derrota, y la memoria, puede leerse también como una analogía de las edades del ser humano: desde el niño que juega, al joven que combate y a la familia que sufre en la ciudad, hasta los ancianos que recuerdan, y finalmente la tumba. El ciclo se condensa en última instancia en un nombre, de alguien o de algún lugar, escrito en un libro o sobre piedra, o abandonado al olvido.

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